Unas vacaciones para olvidar

5 Julio, 2016
Unas vacaciones para olvidar

Mira qué tenido yo buenas experiencias en la zona del Mediterráneo. Siempre me he sentido como en casa, y simplemente con decir que he ido de vacaciones allí en más de 20 ocasiones está todo dicho. Ahora bien, el pasado verano ya forma parte de mi galería de los horrores. Por dios!! Parecía que nos había mirado un tuerto. Si es que si lo programas a propósito, no te sale tan mal. Si las vacaciones nos la organiza mi peor enemigo estoy seguro de que no me pone en tantos aprietos. Os cuento.

Ya de por sí todo comenzó mal cuando el coche se nos estropeó unos 50 kilómetros antes de llegar al destino. Era una señal para que llamara a mi taller mecánico de confianza y me volviera para casa, pero no lo vi. Así que abrimos la puerta a la mala suerte. El servicio de grúa que nos trasladó hasta el apartamento fue un desastre, se nos descongeló  la comida que llevábamos en las neveras y para colmo nos dimos cuenta de que se  nos habían olvidado muchas cosas en casa.

Una vez en el apartamento pues un desastre. Cuando nos dijeron que estábamos a 3 minutos de la playa, no mentían, pero si hubiéramos tenido un avión Concorde. Ozú, qye hartada a andar que nos dimos todos los días. Con la sombrilla, los cubos de los niños, la toalla, la nevera…mejor no recordarlo. Una playa que estaba llena de familias con niños con muchas ganas de fastidiar. Para colmo, estaba tan cansado de los días previos, que me quedé dormido, mi mujer no me avisó, y zasca, cuando me desperté estaba rojo como un guiri. Eso sí, como me quedé dormido leyendo un libro, pues la marca se me quedó en todo el pecho. Eso era digno de una película de Berlanga.

Un extintor siempre a mano

Pues nada, ya en casa, totalmente quemado, decido poner en marcha el aire acondicionado. Qué casualidad que no va. Bueno, al menos tenemos un ventilador de techo. Mis muertos. En la hora que lo puse. Comenzó bien, pero cuando cogió fuerza, eso comenzó a echar más humo que el palo de un churrero. No tenía ni  idea de cómo apagarlo, hasta que lo hice tirando cubos de agua hacia arriba y abriendo las ventanas. En ese momento eché mucho de menos no tener a mano el número de Juan, un buen amigo que trabaja en esta empresa de extintores en Barcelona que siempre me ha dicho que allá donde vaya, lo primero que tengo que hacer es preguntar por si tienen extintores. Desde ese día soy consciente de la importancia de tener un extintor en casa.

Pues siete días después nos fuimos. Se me olvida mencionar una intoxicación por marisco en mal estado y una picadura de medusa en la playa. Y no os cuento más por vergüenza ajena.

Quizás os pueda parecer una exageración, o quizás el guión para una película de risas, pero no es así. Os juro que todas estas cosas nos ocurrieron en la semana que estuvimos allí. Ahora bien, creo que como ya no nos pueden pasar más cosas, seguiré viniendo a mi mar Mediterráneo, es que como se suele decir, sarna con gusto, no pica.

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